06 abril 2009

¡SAN QUEREMOS¡ (5ª entrega)


[...]Tengo que nombrar la paciencia de mi madre para hacer más de una rosca de pan todas las mañanas. En una carmelita? en la hornilla que poníamos en el verano en el hueco de la chimenea.
¡Como buenos y educados! Y jarro de agua en mano nos salíamos al sol, a una esquina del cortijo, a lavarnos los dientes.
Después de este rato: a jugar¡¡

Solíamos coger las bicis y hacer carreras. Alguna que otra vez, una que otra caída interrumpía el juego, como la que dio una señorita que al leer que hablo de ella calló en la carretera y se echó la rodilla abajo. Fue socorrida por todos, pero dos de ellos, hicieron de Cruz Roja. La llevamos a curar y la tapamos con el vestido de frunces que llevaba para que no la vieran (ropa apropiadísima para estos menesteres) y la metimos en el cuarto que fue en su día de los abuelos y que heredó el MAnolico. No tuvimos otra cosa que ponerle que alcohol de 90º, ¡ni pío! Dijo la criatura, pues si no la regañina hubiera sido menuda. Eso sí: bien desinfectada quedó.


PD.: Como viene siendo costumbre, me gusta hacer algún comentario, a cada entrega de María José, y esta muy especialmente, porque empieza con su madre, mi tía. Solamente recordar lo que de ella siempre decía "La Encarnación": ¡Es más buena, que la queremos casi más que a mi hermano¡ Era, (y sigue siendo)la alegría del cortijo. Pepuchi, no dejes nunca de ser como eres. Es una de las fotos que más me gustan, me imagino que está hecha por la tarde, a eso de la siesta, cuando cada uno la hacía a su manera.Es ejemplo del espíritu de nuestro diminuto paraiso perdido. Y por cierto María José,recuerdo como se me puso la rodilla, todavía me duele. No se como me las arreglaba pero siempre había alguien que me prestaba una bici.

Vía| María José

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